13 de octubre de 2016

¿Qué me conviene, una LTS o una no-LTS?



Ubuntu 16.10 ha visto la luz hoy y ya lo podéis descargar desde la página web de Ubuntu, en www.ubuntu.com. Esta versión no tiene soporte a largo plazo así que la podéis disfrutar durante 9 meses: a partir de julio de 2017 no recibirá actualizaciones de software, tiempo suficiente para haber actualizado a la futura 17.04 que por entonces ya estará ahí fuera.

Esta discrepancia entre versiones que reciben soporte durante pocos meses y versiones que reciben soporte durante varios años es lo que distingue a una versión LTS de una versión no-LTS, y ante la duda, mucha gente se pregunta qué es más conveniente.

Actualizar no es peligroso en el 99% de los casos. No tiene por qué romperse nada, aunque realmente uno nunca sabe. Los usuarios de Windows suelen decir esto a menudo cuando no saben si su programa antiguo, ese que llevan corriendo desde hace 15 años, seguirá funcionando tras actualizar de Windows 7 a Windows 8 o de Windows 8 a Windows 10. En el caso de Linux, por ejemplo, puede ser que actualizar haga que esos cambios que hiciste a un archivo de configuración para modificar el funcionamiento de tu máquina se pierdan, o que el tema GTK que estés usando deje de funcionar con la nueva versión de GNOME (porque GNOME no sería tan divertido si las actualizaciones no rompieran tu tema favorito).

Con esto no quiero desanimar a nadie a actualizar, que se me entienda bien. Mantener el software al día también tiene sus ventajas. Sin embargo, convencido estoy que hay más de uno que considera que "si algo funciona, no hay por qué tocarlo", y sobre todo hay entornos donde esto es una máxima, como por ejemplo, en el caso de servidores donde, mientras haya actualizaciones para ciertos paquetes elementales (como OpenSSL, donde tenemos bugs cada poco tiempo), importa poco si estamos corriendo Linux 4.6 o Linux 4.8.

Para esas personas que gustan poco de tener una hora el ordenador inhabilitado mientras se actualiza, o incluso varias horas si sois de los que preferís instalar Ubuntu en limpio y tenéis que extraer vuestra copia de seguridad, formatear, instalar de cero y volver a traer los archivos y programas, una versión LTS es perfecta porque la instalas, y te puedes olvidar de actualizar hasta dentro de unos cuantos años. La última versión LTS de Ubuntu es la 16.04 y podrás seguir usándola hasta el año 2021 (suponiendo que no estés usando una de las que sólo reciben actualizaciones por tres años).

No obstante, usar una versión LTS también tiene desventajas. Y es que por cómo funciona Ubuntu, cuando pocos meses antes del lanzamiento de una versión se congela un repositorio, ya no entran versiones nuevas de los programas que haya en ellos. Es decir, si sale una nueva versión importante de LibreOffice (pongamos que de la 5.1 saltamos a la 5.2), tu versión de Ubuntu no te va a ofrecer actualizar a la nueva versión. De modo que en una LTS vas a estar condenado a mantenerte usando la misma versión de un mismo programa durante varios años. Además que con programas externos eso puede ser complicado de organizar ya que puede que un desarrollador que actualice sus paquetes con frecuencia se niegue a dar soporte a una versión publicada hace 4 años.

Si quieres estar siempre a la última, las versiones no-LTS te proporcionan cada seis meses paquetes frescos y nuevas versiones, de modo que puedas probar siempre lo que esté recién salido del horno. A los seis meses, tendrás una nueva versión de Ubuntu con una nueva versión de esos paquetes. Sin embargo, incluso en este caso deberás recordar que en algunos casos una versión no-LTS, al ser más efímera que una LTS, puede traer características a medio hacer (como es el caso de un cambio significativo en Unity), por lo que puede que tengas que aceptar que ciertas cosas al principio no funcionen como es debido durante unas semanas hasta que llega el parche o incluso hasta la próxima versión. Normalmente, en las versiones que sí son LTS, debido a que si hay algún pastel incómodo va a tener que recibir soporte durante más tiempo, se centran más en asegurarse que todo funciona como debería.

De cualquier forma, al final del día usar una LTS o una no-LTS es algo que depende de los gustos de cada uno. Si tienes más de un ordenador, puedes usar una LTS en el principal y usar los ordenadores que menos te importe tener actualizando o dando problemas para evaluar qué tal ha salido una no-LTS antes de decidir si merece la pena actualizar el bueno o no.